

¿Cómo puede ayudar el Yoga a
combatir los efectos y las causas de
esta enfermedad?
No se sabe con certeza cual es su
origen aunque parece ser una
hiperactividad del sistema nervioso
neurovegetativo: una parte del
sistema nervioso que controla, con
mecanismos reflejos, numerosas
funciones del organismo como la
contracción muscular. Esta
hiperactividad es el resultado de
una carencia de serotonina,
sustancia que se produce a nivel
cerebral y que, además, es muy
importante en la regulación del
dolor y del bienestar. En este
sentido, el Yoga puede tener un
papel fundamental ya que sus efectos
aumentan el flujo de energía vital,
relajando la estructura muscular y
facilitando la mejora del
funcionamiento de los órganos
internos.
Se ha comprobado que son las
mujeres, a partir de los 35-40 años,
quienes sufren con mayor frecuencia
de fibromialgia. Hay, por lo tanto,
una influencia importante de
factores hormonales; las mujeres en
edad premenopáusica, son el rango de
población con mayor riesgo. Por otra
parte, se han detectado también que
situaciones de estrés como las
tensiones familiares, las
discusiones o la incapacidad de
afrontar las dificultades
cotidianas, son otras de las causas
desencadenantes de la enfermedad. El
Yoga propone diferentes técnicas de
percepción del propio cuerpo
encaminadas al control de los
procesos que implican cambios
psicofísicos. Uno de los objetivos
más importante de la práctica
yóguica, trata de poner en marcha un
"proyecto de realidad" encaminado a
tomar conciencia objetiva de lo que
ocurre tanto dentro de uno mismo
como en todo lo que forma parte del
contexto de vida real de una
persona, para, progresivamente,
desarrollar los mecanismos de
equilibrio y serenidad que permiten,
por un lado, el desbloqueo físico,
la distensión muscular, la mejora
del sistema respiratorio,
endocrino...; y por otro, la
expansión psíquica, el control de
las emociones, la mejora del sistema
nervioso y, en general, la armonía y
la salud mental.
Los mecanismos implicados en la
Fibromialgia atañen a todos los
aspectos de la vida. "Mialgia"
significa dolor muscular y "fibro"
hace referencia a tejidos fibrosos,
es decir, tendones y ligamentos. Si
partimos de la base de que esta
enfermedad pone en tensión continua
los músculos de todo el cuerpo,
especialmente los localizados en el
cuello, espalda y piernas, estaremos
en disposición de comprender el
alcance que dicha sensación puede
tener, no solo en el cuerpo, sino en
la mente y, como consecuencia, en la
vida de quien lo padece.
El cansancio constante es la
repercusión más inmediata que
provoca la rigidez muscular
generando estados de fatiga crónica
que, a su vez, impiden el descanso
adecuado y regenerador. Tengamos
presente que la actividad onírica
(el sueño) es una función
indispensable para el buen
funcionamiento del ser humano. Las
técnicas de relajación y meditación
de la tradición yóguica están
encaminadas a la consecución de un
estado total de relajación física y
mental produciendo cambios
importantes en el sistema nervioso y
procurando la distensión y el
descanso profundo de los músculos
del cuerpo.
Es fundamental tener en cuenta que
los beneficios del Yoga son mayores
cuanto más constante es la práctica.
En el caso particular de los
enfermos de fibromialgia, se impone
una mayor fuerza de voluntad dada la
fatiga y el cansancio constante que
padecen, así que, se aconseja
siempre una inmersión progresiva y
el apoyo persistente del profesor de
yoga teniendo en cuenta las
características individuales. Veamos
los aspectos fundamentales en que
incide la práctica del Yoga:
• La respiración diafragmática que
consiente y asegura la atención y la
concentración necesarias para
encontrar el punto que permite la
"no acción" y la eliminación de la
rigidez: relajación del cuerpo y la
mente.
• La relajación Muscular que reduce
la hiperactividad neurovegetativa.
Durante el relax, el cerebro emite
ondas alfa que facilitan la calma y
permiten un trabajo interior
profundo. Puede activarse la
"conciencia testigo" que en Yoga se
utiliza como medio de observación y
percepción externa para generar una
actitud de aceptación. Este
ejercicio es fundamental a la hora
de combatir el dolor porque no
olvidemos que la mente domina las
funciones de todo el cuerpo. La
respiración yóguica permite un
control consciente de las
frecuencias cerebrales. Según
algunos estudios
electroencefalográficos realizados
durante el sueño de un paciente
fibromiálgico, éste mantiene una
actividad similar a las ondas en
frecuencia de alerta (beta). El
ejercicio que permite permanecer y
desarrollar ondas alfa es una de las
ayudas más importantes que el Yoga
propone para esta enfermedad.
• El ejercicio físico. Sobre este
punto, las técnicas yóguicas tienen
mucho que decir. Es evidente que si
hablamos de una enfermedad cuyo
primer síntoma relevante es la
tensión muscular, el sentido común
nos dice que una actividad que
aumente dicha tensión, se verá,
rápidamente, como un empeoramiento
de las manifestaciones de rigidez.
Esto es todavía más extremo en el
caso de las personas con
fibromialgia ya que el aumento de
tensión muscular provoca en ellos
una disminución de riego sanguíneo
y, por lo tanto, un déficit de
oxígeno y una menor capacidad de
soportar el esfuerzo. Por otra
parte, la inmovilidad total sería
causa de atrofia progresiva de
articulaciones y músculos así como
de aumento del dolor.
El ejercicio que propone el Yoga se
revela ideal en esta situación. En
Yoga, cada movimiento y estiramiento
se producen desde la relajación y
son acompañados por una respiración
que, a su vez, ayuda en dos
direcciones: hacia la actividad y
hacia la distensión total del
músculo. Es la actividad vivida
desde la relajación . Esto exige
comenzar desde cero, es decir,
aprendiendo a relajar y a respirar
para después ir introduciendo suaves
ejercicios que consientan progresar
adecuadamente.
• La reeducación de la mente a
través de la meditación. Las
técnicas de concentración y
percepción tienen como objetivo
evitar los factores agravantes .
Estos factores se refieren, sobre
todo, a la influencia que tienen
sobre la psique del paciente las
tensiones normales o excepcionales
de la vida.
• La canalización y el control de
las alteraciones psicológicas
causadas por los cambios que la
enfermedad produce en la persona.
Mediante el aprendizaje de la
respiración consciente y la
relajación, así como de un ejercicio
que permita volver a recuperar la
elasticidad y la capacidad de
esfuerzo, el paciente puede lograr
estados de serenidad que repercuten
en la distensión total de los
músculos del cuerpo, reconducen las
emociones y, al fin, proporcionan
una calidad de vida mayor.
Es fundamental la actitud y el deseo
de recuperación como también es muy
importante comprender la enfermedad
y aprender a convivir con ella. La
contribución del Yoga como apoyo
terapéutico es reconocida y
ampliamente probada. Se trata de
comenzar dando el primer paso dentro
de uno mismo; hacer visible aquello
que es invisible y poner en marcha
los mecanismos que rompen el circulo
vicioso dolor-tensión-miedo-dolor.
Las herramientas que propone el Yoga
llevan a cambios que son dirigidos
por uno mismo, graduales y
tremendamente dulces.
Práctica Yóguica
La práctica que propongo tiene
varias fases. Se pueden ir adoptando
en la medida
en que cada persona se
sienta preparada. Es muy importante
marcarse un objetivo. Ese objetivo
debería contener el paso de una fase
a otra progresivamente y el número
de veces a realizar cada ejercicio.
Por ejemplo: la primera semana
alguien puede limitar la práctica a
la fase nº1: aprender a respirar y
controlar la respiración. Cada día
puede ir aumentando el tiempo hasta
llegar a respirar conscientemente
durante 5/7 minutos. La segunda
semana, una vez que la respiración
se controla, puede probar la
relajación: mantiene ya los 5
minutos de la primera fase pero
además prepara la segunda y aumenta
el tiempo de ésta de una día para
otro. La relajación puede llegar a
durar incluso 15 minutos. Cuando se
está preparado, pasa a la tercera
fase y sucesivas.
Lo mejor, sin duda, es la ayuda de
un buen profesor de Yoga con el que
instaurar una relación
individualizada. No es aconsejable
acudir a un centro e integrarse en
las clases habituales que impartan
porque, normalmente, están diseñadas
para personas sanas y exigen un
esfuerzo que, aunque se controla con
la relajación y la respiración y
forma parte de la práctica, se
presenta, en principio, perjudicial
para comenzar en los casos de
personas con fibromialgia.
http://www.encuentrosdeyoga.com/articulo5.htm


