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Un enfermo de Fibromialgia descubre como
curarla
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E l pasado mes explicamos
ya en qué consiste la fibromialgia
y qué tratamientos se están
utilizando en el mundo para paliar los problemas
que origina, incluidas terapias novedosas
como la ozonoterapia. En esta ocasión,
sin embargo, vamos a contar la singular historia
de un joven español llamado Alfred Blasi que, casi imposibilitado en su casa
debido lo avanzado de su enfermedad, decidió
no resignarse a permanecer el resto de su
vida en una silla de ruedas e investigó
por su cuenta terminando por descubrir un
producto que le ha librado de su dolencia
tanto a él como a quienes asimismo
lo han tomado. Y que funciona también
en buena parte de los casos de quienes sufren
el llamado Síndrome de Fatiga Crónica
y otras patologías musculares.
Como ya explicamos
en el número anterior, la fibromialgia
se describe como una "enfermedad reumática
crónica" que se caracteriza por
un dolor difuso en varias zonas del cuerpo
-cabeza, cuello, hombros, columna vertebral,
brazos, caderas, rodillas, etc.- que se acompaña
de tal cansancio -en unos casos más
intensos que en otros- que quien lo sufre
no tolera ni pequeños esfuerzos. Se
puede además sentir rigidez y dolor
general al levantarse por la mañana,
tensión muscular, hormigueo y adormecimiento
de manos y pies, dolor en el tórax,
calambres musculares, pérdida de memoria,
mareos, sequedad de ojos y boca, sensación
de hinchazón en las extremidades, alteraciones
de la coordinación motora y menstruaciones
dolorosas. En suma, el dolor se manifiesta
sobre todo en músculos, ligamentos
y tendones, es decir, en el tejido fibroso.
Está igualmente constatado que entre
el 40% y el 70% de quienes sufren fibromialgia
tienen problemas intestinales -estreñimiento
alternado con diarrea, dolor abdominal, gases
y náuseas- y una cuarta parte el llamado
síndrome temporo-mandibular, con fuerte
dolor en la cara y en la cabeza. Asimismo,
suelen tener problemas para descansar y dormir
por la noche lo que les genera ansiedad. Hay que decir, por último, que la fibromialgia
se agrava a veces con los cambios de clima,
los ambientes muy fríos o muy secos,
los cambios hormonales, el estrés,
la depresión y el exceso de ejercicio.
¿QUÉ
CAUSA Y CÓMO SE TRATA LA FIBROMIALGIA?
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Oficialmente la causa de la fibromialgia se
ignora y sólo existen suposiciones
siendo las teorías más aceptadas
las que sugieren que podría deberse
a alteraciones en la regulación de
los neurotransmisores, del sistema inmunitario,
de la fisiología del sueño o
del control hormonal. De ahí que los
tratamientos actuales se centren en aliviar
los síntomas en tanto, al desconocerse
la causa la enfermedad, no se sabe qué
hacer para evitarla o combatirla. Por eso
los médicos se limitan en general a
paliar el dolor, la ansiedad y los trastornos
del sueño con analgésicos, ansiolíticos,
antidepresivos e hipnóticos. Incluso
las diversas terapias alternativas con las
que se trata la fibromialgia
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(Homeopatía,
Fitoterapia, Osteopatía, Acupuntura, Apiterapia, Aromaterapia, Chi Kung, Feng Shui,
Hidroterapia, Yoga, Quiropráctica,
Reflexología, Shiatsu, Urinoterapia,
Tai Chi u Ozonoterapia- siguen siendo meros
remedios paliativos si bien está claro
que, entre ellas, la más eficaz y rápida
es el tratamiento con ozono como ya explicamos
el mes pasado. Y hasta aquí lo que, básicamente,
se conoce de esta "enfermedad".
Porque cuando estábamos cerrando nuestro
anterior número tuvimos conocimiento
de una singular historia que puede dar un
giro radical a la comprensión y tratamiento
tanto de esta dolencia como del llamado Síndrome
de fatiga crónica. Hablamos de la historia
protagonizada por un compatriota nuestro al
que un día se le informó de
que tenía fibromialgia: Alfred Blasi. EL DESCUBRIMIENTO DE ALFRED BLASI |
A Alfred Blasi, un joven informático
que entonces contaba 30 años, le dijeron
hace ahora un lustro que padecía fibromialgia. Como podrán imaginar este tipo de noticias
no se asimila fácilmente. Uno no está
preparado para que le digan -y mucho menos
en plena juventud y sin causa comprensible
que lo justifique- que puede terminar en una
silla de ruedas o inmovilizado en una cama
de por vida y con tremendos dolores. Sin embargo,
eso es lo que le sucedió a nuestro
entrevistado. -Es una sensación indescriptible -nos
diría-. Estás en plena juventud
y de pronto te sientes físicamente
una piltrafa. Afortunadamente, yo soy informático,
me encanta mi trabajo y decidí investigar
todo lo que se sabía sobre la enfermedad.
Es la ventaja de dominar la red y saber navegar
por Internet. Así que me leí
lo que había publicado sobre fibromialgia
y, además de lo que me ofrecía
la medicina convencional, decidí probar
con las más variadas terapias alternativas:
homeopatía, acupuntura, electroterapia,
masajes, hidro-gim, osteopatía e, incluso,
hipnosis. Sin resultado. Y lo mismo me ocurrió
con los fármacos. Dicen que porque
soy lo que se llama un "acetilador rápido",
es decir, que mi hígado metaboliza
rápidamente todos los medicamentos
y al poco tiempo de ingerirlos ya no actúan
sobre mi organismo. -Pues debe ser frustrante probar tantas terapias
sin obtener resultado alguno... -Imagínese. Sobre todo porque yo participé
además como voluntario en un montón
de estudios de diferentes hospitales. Me prestaba
a probar todo lo que aparecía nuevo
y podía ser efectivo. Desde estudios
para comprobar mediante SPECT cerebral cómo
influye el bajo nivel de serotonina en los
enfermos de fibromialgia hasta la constatación
de la falta de irrigación sanguínea
en la base del hipotálamo pasando por
la comprobación de que la hipnosis
elimina los síntomas y hasta el dolor
mientras uno está hipnotizado. Pero
nada de todo eso llevaba a encontrar una curación.
Es más, el tiempo pasaba y yo me encontraba
cada vez peor. Hasta el punto de que a los
tres años de diagnosticarme la enfermedad
tuve que dejar el trabajo ya que el enorme
dolor que sufría y la gran cantidad
de morfina que debía tomar para soportarlo
no me permitían prácticamente
ni salir de casa. -Pero, ¿hasta qué punto estaba
usted afectado? -Hasta el punto de que el 9 de septiembre
de 1999 la Seguridad Social declaró
que yo estaba "incapacitado de forma
absoluta y permanente para toda clase de trabajo".
Añadiendo que no había "posibilidad
razonable de recuperación profesional".
Dos meses después -exactamente el 10
de noviembre- la comisión de evaluación
de incapacidades de la dirección provincial
del Instituto Nacional de Seguridad Social
certificaba mi "incapacidad permanente
absoluta en grado A". Y el 14 de febrero
del 2000 se me declaró discapacitado
múltiple con una deficiencia del 75%.
A lo que hay que añadir que también
se me diagnosticó espondilitis anquilosante.
Tengo hasta tarjeta de aparcamiento para personas
con minusvalía como titular no conductor.
Es decir, está oficialmente por escrito
que mi enfermedad era irreversible, que no
tenía cura, que no había nada
que hacer. Y se me concedió una pensión
vitalicia. -¿Qué hizo entonces? -En primer lugar, me convencí de que
las investigaciones sobre esta enfermedad
no estaban bien encaminadas. Porque los médicos
y demás expertos se dedicaban a buscar
algo que mejorara o paliara los síntomas
y no a encontrar la causa primaria del problema.
Y, en segundo lugar, formarme para investigar
por mi cuenta. No estaba dispuesto a esperar
que alguien, algún día, se decidiera
a hacerlo. Se trataba de mi vida así
que me dediqué a leer libros y estudios
de Biología, Fisiología, Medicina,
Farmacología... consultando además
enciclopedias y obras especializadas en facultades
de Medicina de medio mundo en las que entré
a través de Internet. En fin, busqué
todo lo que tuviera que ver con el funcionamiento
de los músculos. -¿Con qué resultado?
-Averigüé que las molestias musculares
-o, al menos, la mayor parte- dependen de
unos 25 elementos químicos, de su proporción
y concentración en las células.
A continuación centré mi investigación
en reducir ese número de sustancias
a la mínima cantidad, a las que realmente
eran imprescindibles. Y supe que muchas patologías
se achacaban a la pérdida de determinados
metales alcalinos y alcalinotérreos,
al desequilibrio que se produce en las células
cuando pierden algunos iones, especialmente
los de sodio, potasio, calcio y magnesio.
Minerales fundamentales para el correcto funcionamiento
del organismo (véase el recuadro adjunto). -Pero, ¿por qué se origina ese
desequilibrio? ¿Qué lo provoca? -Las causas pueden ser varias. Desde un mero
proceso infeccioso (gripe, cándida,
etc.) pasando por un sobreesfuerzo físico
continuado (incluidos los trabajos físicos
agotadores o los que ejercen algunos deportistas)
hasta el estrés provocado por hechos
traumáticos inesperados o la ansiedad
intensa que generan algunos acontecimientos
como la muerte de un familiar o un amigo muy
allegado, una enfermedad grave, la separación
o divorcio de la pareja, la pérdida
del trabajo, la quiebra económica,
la necesidad de tener que pasar por un quirófano...
En fin, acontecimientos de fuerte carga emocional
y psicológica. Todos ellos pueden llevar
al organismo al desequilibrio y, entre otras
cosas, a la pérdida de los iones de
sodio, potasio, magnesio y calcio en las células.
Y le diré que todo esto no es una especulación
personal. Está perfectamente descrito
en muchos libros de Medicina. Libros en los
que también se dice que el problema
es que en el caso de muchas personas luego
es prácticamente imposible recuperar
los niveles normales de esos minerales sólo
con la alimentación. -¿Por qué razón? -Entre otras cosas porque muchos de esos iones
se pierden en el proceso de manipulado y elaboración
de los alimentos. Tanto debido a la preparación
de los mismos -cocción, fritura, etc.-
como a la reacción que provocan a veces
los conservantes, colorantes, aromatizantes,
estabilizantes, insecticidas... -Y, en tal caso, ¿la propia alimentación
podría llevar a generar el problema? -Pienso que no porque lo que la alimentación
podría hacer es proporcionar el equilibrio
si contuviera esos iones pero no provocarlo. -¿Y una vez averiguado eso...? -Pues intuí que si la fibromialgia
podía deberse al desequilibrio celular
producido por la falta de esos minerales lo
que había que hacer era reponerlos.
Ahora bien, ¿en qué proporción
exactamente? Pues pensé que lo lógico
era que fuera en la misma en que están
presentes en una célula sana. Resumiendo,
empecé a tomar un preparado con esos
iones a base de citrato sódico, cloruro
potásico, carbonato de magnesio y fosfato
cálcico en la proporción exacta
que tiene toda célula sana. -¿Realmente es tan importante que la
proporción sea exacta? -Sí. He comprobado que si se elimina
uno de los 4 iones o si se varía la
fórmula en una proporción superior
al 3% ya no tiene el mismo efecto. Todo lo
cual tiene su explicación química
cuando se ve cómo reaccionan esas sustancias
en el interior de las células. -¿Y el resultado cuál fue? -Que todos los síntomas de la fibromialgia
desaparecieron. Hoy estoy completamente recuperado.
Y a todas las personas que he tenido oportunidad
de conocer que padecían este problema
e igualmente lo han tomado les han desaparecido
también los síntomas o, cuando
menos, han remitido en buena medida. Lo único que varía de una persona
a otra es el tiempo en que el producto empieza
a hacer efecto y el periodo durante el que
debe tomarlo hasta lograr el total reequilibrio
iónico. De los centenares de personas
que sé que han tomando el producto
algunas lo pudieron dejar a los 3 meses de
la primera dosis con un absoluto y total restablecimiento
de la enfermedad. Otros, por el contrario,
tienen que seguir tomándolo pasados
8 meses. Pero, tarden más o menos,
en todos los casos se produce una notable
mejoría y cada vez necesitan tomar
menos cantidad para sentirse bien. Por cierto, he de decir que también
es efectivo en los casos de Fatiga Crónica.
Y añadiré más: es útil
en todas las enfermedades que afectan a los
músculos. -Resulta sorprendente que alguien que carece
de conocimientos específicos haya llegado
a resolver un problema que trae de cabeza
a tantos investigadores... -No pretendo convencer a nadie de lo que afirmo
aunque cualquiera puede comprobarlo por sí
mismo. Eso sí, personalmente estoy
convencido de que estamos ante la explicación
definitiva de la causa de la fibromialgia
y de su solución. De hecho, todas las
alteraciones que se producen en el organismo
quedan explicadas. Además, toda teoría
deja de serlo cuando se demuestra en la práctica. -Sin embargo, hemos hablado con algunas personas
que han tomado el Recuperation y que afirman
no haber notado mejoría alguna. -Es posible. No lo niego. El problema es que
al diagnóstico de fibromialgia se llega
por exclusión de otras enfermedades.
Y los médicos también se equivocan.
Por tanto, ¿cómo estar seguros
de que esas personas sufrían en realidad
de fibromialgia? Quizás la causa de
su etiología fuera otra; por ejemplo,
un bloqueo energético. Y en ese caso
el tratamiento debe ser distinto. Yo lo único
que puedo certificar es que en mí -y
tengo múltiples documentos donde se
explicita que mi caso sí era una fibromialgia-
ha funcionado. Y en otros muchísimos
casos. -Una última cuestión: una vez
comprobó que había dado con
la clave de la curación de su enfermedad,
¿qué hizo? Quiero decir, ¿se
lo comunicó al médico que le
trataba? ¿Lo difundió de alguna
forma? -Me alegra que me haga esa pregunta porque,
efectivamente, una vez estuve seguro de que
tenía razón, de que sabía
cómo curar la fibromialgia, lo primero
que pensé es en dar a conocer mi descubrimiento.
Quien ha padecido esta enfermedad -y supongo
que cualquier otra enfermedad grave- y sabe
lo que se sufre piensa de inmediato en ayudar
a quienes están en su misma situación.
Así que me dirigí a los expertos
y máximas autoridades de diversas facultades
universitarias, hospitales, clínicas,
laboratorios, médicos de la especialidad...
y nadie quiso escucharme. Todos debieron presuponer
que si yo no era licenciado en ninguna carrera
relacionada con la salud era imposible que
hubiera podido siquiera acercarme a la génesis
del problema y, por ende, a la solución.
Y ni mi propia experiencia, avalada documentalmente,
ni la mera valoración objetiva de los
hechos fueron suficientes para nadie. -¿Y qué le dijo el médico
que le trataba cuando se enteró de
su completa recuperación? -Que el mío era un caso de curación
espontánea. Y se quedó tan ancho.
No aceptó que hubiera sanado gracias
a la fórmula que creé. -En suma, se topó usted, como tantos
otros, con la barrera de la soberbia que suele
ocultar la ignorancia. -Efectivamente. Hasta que, transcurrido mucho
tiempo, alguien me escuchó. Y lo más
curioso es que yo no buscaba beneficio económico
alguno en todo esto. Desde el principio estuve
dispuesto a ceder los posibles derechos de
explotación a quien comercializase
el producto. Y, de hecho, así fue finalmente.
Yo me doy por pagado sabiendo que mucha gente
va a dejar de sufrir y curarse. -Una última pregunta: ¿sigue
usted cobrando la pensión por invalidez
total, permanente e irreversible? -No. Yo estoy curado por completo a pesar
de que los médicos dijeran que se trataba
de algo imposible. He vuelto a trabajar desde
hace poco y, por ética, renuncié
a ella. Y le aseguro una cosa: desde hace
unos meses, desde que empecé a divulgar
por Internet mi caso, son centenares las personas
que me han llamado ya para darme las gracias.
Y esa es una satisfacción que no se
paga con dinero.
José Antonio
Campoy
COMPOSICIÓN
DEL "RECUPERATION"
El preparado creado por Alfred Blasi se comercializa
hoy con el nombre de Recuperation y está
elaborado mediante una mezcla de elementos
químicos -citrato sódico, cloruro
potásico, carbonato de magnesio y fosfato
cálcico- que contienen los iones de
sodio, potasio, calcio y magnesio que existen
-en su proporción exacta- en toda célula
sana. Veamos las funciones de estos elementos
según se explica en los libros de Medicina:
* El sodio (Na), en
colaboración con el potasio, regula
el equilibrio de los líquidos en el
organismo, contribuye al proceso digestivo
manteniendo una presión osmótica
adecuada y, al actuar en el interior de las
células, participa en la conducción
de los impulsos nerviosos. La deficiencia
en sodio es muy rara ya que está presente
en casi todos los alimentos como un ingrediente
natural o como un ingrediente añadido
durante el proceso de elaboración pero
si se produce su déficit se manifiesta
con deshidratación, mareo y baja presión
arterial. Puede haber pérdidas de sodio
a causa de diarrea, vómito y una excesiva
transpiración. Asimismo, el empleo
de diuréticos para adelgazar, la sauna
y el ejercicio intenso en época de
calor conduce a pérdidas de líquido
que no se compensan con la simple ingesta
de agua; de hecho, puede ser muy perjudicial
y se hace necesario ingerir líquidos
enriquecidos con sodio.
* El potasio (K) potencia
la actividad del riñón ayudando
en la eliminación de toxinas. Es esencial
en el almacenamiento de carbohidratos y su
posterior conversión en energía,
ayuda a mantener un ritmo cardíaco
adecuado y una presión arterial normal,
y es un mineral esencial para la transmisión
de los impulsos nerviosos. En estados carenciales
de potasio en el organismo aparece debilidad
muscular, fatiga, mareo y confusión.
El potasio y el calcio están muy vinculados
ya que ambos participan en el control y nivelación
del nivel del agua corporal, necesario para
el buen funcionamiento muscular.
* El calcio (Ca) es
un elemento esencial para el correcto desarrollo
del tejido óseo. Es el mineral que
forma el esqueleto humano y lo mantiene sano
y fuerte. Aproximadamente el 99% del calcio
presente en el organismo de los seres humanos
se encuentra en los huesos y en los dientes
mientras que el 1% restante se encuentra en
la sangre y en los tejidos. Es pues esencial
para la salud y la vida ya que sin esa mínima
cantidad de calcio los músculos no
se contraerían correctamente, la sangre
no se coagularía y las terminaciones
nerviosas no serían capaces de transportar
correctamente los mensajes favoreciendo la
aparición de enfermedades óseas
y musculares. Los seres humanos se aprovisionan
de ese -aproximadamente- 1% vital del calcio
que necesitan para su normal funcionamiento
a partir del calcio que se ingiere en la dieta
y del calcio de los huesos, los cuales actúan
como suministro de emergencia cuando el cuerpo
no encuentra suficiente calcio en la dieta.
Cuando no se aporta suficiente calcio y el
organismo hace demasiado uso de ese suministro
de emergencia los huesos se debilitan y se
fracturan con facilidad (osteoporosis). Una
alimentación rica en calcio y equilibrada
así como el ejercicio físico
son algunas soluciones para prevenir estos
problemas.
*
El magnesio (Mg) es el cuarto catión
intercelular más importante del cuerpo.
Tiene un papel fundamental en la contracción
y la relajación muscular, mejora la
salud cardiovascular, activa gran cantidad
de enzimas e interviene en muchas reacciones
metabólicas (prácticamente en
casi todas las reacciones enzimáticas
que intervienen en la utilización del
ATP), es el regulador primario de las actividades
eléctricas, mantiene los huesos, articulaciones,
cartílagos y dientes en buen estado,
regula la replicación de los ácidos
nucleicos en el interior de la célula,
es fundamental para lograr el embarazo y evitar
el aborto, incrementa la flora intestinal
y permite la absorción de los nutrientes,
cicatriza heridas y su uso es muy recomendado
durante el embarazo y la lactancia. Asimismo, disminuye la absorción del
colesterol, elimina los excesos de sodio y
calcio, ayuda al potasio a entrar al interior
celular y alimenta los sistemas nervioso,
muscular, neuromuscular y glandular y, consecuentemente,
combate los efectos del estrés, la
hiperexcitabilidad neuromuscular, los signos
de tetania y los ataques epilépticos.
La glándula pituitaria necesita magnesio
y cuando carece de dicho elemento no controla
las glándulas adrenales, segrega más
adrenalina y la persona se encuentra mal,
incrementa los latidos del corazón,
libera la glucosa del hígado y provoca
ansiedad, hiperactividad y respuesta muscular
desmesurada pudiéndose volver violenta
y con posibilidades de suicidarse. Una correcta administración de magnesio
elimina muchas posibilidades de tener alguna
de estas dolencias: hipertensión, artritis,
artrosis, arterioesclerosis, hepatitis, cirrosis,
cáncer, enfermedades paratiroideas,
insomnio, trastornos neuropsiquiátricos,
agresividad, ansiedad, hipermotividad, excitabilidad
nerviosa, taquicardia, calambres, contracturas
musculares, alteraciones del crecimiento,
osteoporosis, raquitismo, infecciones, dolores
reumáticos, neuritis, estados seniles,
obesidad, estreñimiento, anorexia,
náuseas, vómitos, temblores,
convulsiones, letargo, cambios de personalidad,
debilidad, gripe, migraña, asma y cólicos
menstruales. Los diabéticos requieren
suplementos de magnesio. Por otra parte, el sulfato de magnesio disminuye
significativamente el riesgo de parálisis
cerebral y de retraso mental, fenómeno
que se da principalmente en los recién
nacidos de bajo peso. Los huesos almacenan aproximadamente el 55%
de magnesio del organismo. Alrededor de un
44% se encuentra en el interior de las células
y solamente el 1% -aproximadamente- en el
líquido extracelular y en el suero
sanguíneo. La deficiencia de magnesio provoca irritabilidad
muscular y nerviosa, debilidad, cansancio,
fatiga, depresión, falta de ánimo,
hipertensión, convulsiones, ataques
de pánico y de ansiedad así
como la liberación de sustancias que
favorecen las alergias. Cuando falta el magnesio
la posibilidad de sufrir un infarto es más
elevada. Los cálculos renales y vesiculares
se deben en gran medida a la falta de magnesio
que fija el calcio evitando la formación
de oxalatos y fosfatos de calcio, componentes
de los cálculos. Un elevado consumo de suplementos de fósforo,
calcio y vitamina D debe ir acompañado
de magnesio. El estrés, los excesos de azúcar,
el alcohol, las drogas y los diuréticos
producen una gran eliminación de magnesio.
Asimismo, el exceso de lácticos, anticonceptivos,
antibióticos, flúor, tabaco
o cortisona dificulta su absorción.
El exceso de magnesio se excreta fácilmente
por las heces y la orina. |
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