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En
busca de los orígenes de la Fibromialgia
Datos que aclaran en parte un proceso lleno de puntos
oscuros. (El Mundo)
ISABEL ESPIÑO (elmundo.es)
MADRID.- Las últimas décadas han arrojado algo de luz
sobre las causas la fibromialgia, un trastorno de
síntomas difusos, fundamentalmente el dolor en puntos
de todo el cuerpo. Los expertos saben hoy en día que
se trata de un problema en el sistema nervioso central
(en el modo en que el cerebro y la médula reciben y
transmiten las señales dolorosas), pero todavía quedan
muchas incertidumbres. Una revisión repasa algunas de
las evidencias que ha dado la Ciencia sobre las causas
del trastorno.
La fibromialgia fue reconocida como enfermedad a
comienzos de los años 90. Pero «17 años después de que
el Colegio Americano de Reumatología estableciese
criterios para la fibromialgia, todavía no existe
consenso sobre la causa del síndrome, su tratamiento o
ni si quiera si merece la consideración de una entidad
clínica por sí misma», escribe un equipo de
investigadores de la facultad de Medicina de la New
York University (EEUU).
Estos especialistas, dirigidos por los reumatólogos
Aryeh Abeles y Michael Pillinger, han repasado las
evidencias que actualmente existen sobre las causas de
la enfermedad. Sus conclusiones se publican en la
revista "Annals of Internal Medicine".
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Aunque inicialmente se pensaba que el problema
podía encontrarse en los tejidos periféricos, es
decir, un trastorno de origen muscular, las
investigaciones han ido mostrando que en realidad se
trata de un problema en el proceso de percepción del
dolor que tiene sus raíces en el sistema nervioso
central. Sin embargo, los autores son muy cautos a la
hora de apuntar a una única disfunción: «Dada la
complejidad de sus causas, la fibromialgia se entiende
mejor desde una perspectiva multidisciplinar y un
enfoque demasiado reduccionista puede ser prematuro»,
matizan. |
Es decir, que al igual que el tratamiento de la
fibromialgia es multidisciplinar (desde fármacos
antidepresivos hasta fisioterapia), también sus causas
son una multitud de factores.
Por ejemplo, se ha visto que las personas con esta
enfermedad reumática muestran diferencias en los
umbrales del dolor. Es decir, que aunque tienen una
similar percepción para estímulos normales (frío,
calor, presión...), el umbral en el que un estímulo se
convierte en doloroso es mucho más bajo.
Varios procesos en el cerebro y la médula espinal
presentan anomalías que explicarían esta percepción
aberrante del dolor. Por ejemplo, a nivel cerebral se
han visto diferencias, con respecto a personas sanas,
en la actividad de ciertas áreas cerebrales así como
en el flujo sanguíneo ante un estímulo doloroso. A
nivel espinal, se ha registrado una mayor
excitabilidad de las neuronas que transmiten la
información nociceptiva (la señal dolorosa) al
cerebro.
También parecen existir desarreglos en mecanismos
descendentes (es decir, en pautas que mitigan o
inhiben la señal dolorosa), en la actividad de las
células gliales (activadas por estímulos que inducen
el dolor y encargadas de liberar sustancias
neuroactivas) y en la liberación de algunos
neurotransmisores.
Tampoco está todavía clara la relación de algunos
trastornos psiquiátricos con la fibromialgia, como la
depresión, la ansiedad y, sobre todo, el síndrome por
estrés postraumático. «Los sucesos traumáticos en las
vidas de los pacientes con fibromialgia deberían
explorarse, porque pueden contribuir al actual dolor y
disfunción», escriben los investigadores. Estos
especialistas creen que, «aunque anteriormente no
estaba claro si la fibromialgia llevaba a trastornos
psiquiátricos o viceversa, cada vez hay más evidencias
de que las enfermedades psiquiátricas predisponen al
desarrollo del síndrome».
«Lo que sí está claro es que los pacientes con
fibromialgia experimentan el dolor de modo diferente
de la población general y que lo hacen en ausencia de
enfermedad. (...) Para ser eficaces, las futuras
terapias de la fibromialgia tienen que responder a los
mecanismos de dolor implicados en la enfermedad y a
las enfermedades relacionales, y, más probablemente, a
ambos», escriben Abeles y Pillinger.
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