|



El principio universal del mentalismo,
nos dice que todo el universo, junto
a los tres grandes planos, físico,
mental y espiritual son una conjunción
de pensamientos precipitados desde
la mente infinita de Dios.
El Padre-Madre de toda la creación
decidió proyectarse desde su mente
infinita hacia todos los puntos del
universo, generó vida y forjó a sus
hijos de acuerdo a su imagen y semejanza
divina espiritual.
Nosotros, hijos de Dios, somos una
idea en su mente infinita.
El es el todo en todo y todo es mente.
Todos los seres han sido creados a
la imagen y semejanza divina, ellos
son pensamientos proyectados desde
la gran mente sabia de Dios y comparten
toda la sabiduría paterna.
Hay una sola mente y sus sabios pensamientos
crearon a través del verbo divino
a todos los hijos del altísimo., De
la misma forma y cumpliéndose el axioma
hermético ( como es arriba es abajo)
los hijos de Dios son cocreadores
con su padre, utilizando parte de
la mente divina, precipitan el producto
de sus pensamientos en forma de manifestaciones
físicas hacia el mundo de las formas.

El principio universal del mentalismo
es la ley que rige la creación tanto
en el micro como en el macrocosmos.
Con la irradiación de su rayo divino
espiritual, el "Yo soy el que
yo soy", alimenta, nutre y mantiene
autosostenidamente a todas las corrientes
de vida generadas desde su sol central.
Estas se manifiestan como chispas
divinas en todas y cada una de las
magnas presencias "Yo Soy"
en todos nosotros.
Compartimos la mente infinita de Dios
entre todos los seres del universo.
Por lo tanto conformamos una gran
fraternidad universal al compartir
a Dios como nuestro Pater mader espiritual.
La energía irradiada por nuestro Padre
Celestial es compartida por todos
sus hijos en todo el universo.
Con esta energía luz sus hijos le
dan vida a la encarnación, manifestando
en el
plano físico sus cuerpos físicos,
emocionales, mentales y etéricos.
Estos vehículos de manifestación tridimensional
son la expresión material de la mente
infinita de Dios, latente en cada
uno de sus hijos.
Compartimos su mente infinita y desde
ella generamos las ideas que luego
de verbalizarlas, precipitamos en
el mundo de las formas.
De acuerdo con esta maravillosa ley,
todos nuestros vehículos de manifestación
física (inferiores) están sujetos
a sus enunciados. Esto nos dice que,
según lo pensado sobre nuestro cuerpo
físico, así será él. Si tenemos un
concepto o idea negativa de él, obediente
a la ley, nuestro cuerpo plasmará
esta idea desarrollando diversas patologías.
Si elevamos nuestros conceptos e ideas
sobre nuestro cuerpo, muy pronto aparecerán
en él los frutos de nuestros pensamientos
positivos en forma de belleza,
lozanía
y salud.
Resumiendo, somos los gestores de
los estados de nuestro cuerpo y él
será enfermo o saludable, de acuerdo
a los pensamientos que le imprimamos.
Lo mismo ocurrirá con nuestros asuntos.
Si pensamos en la abundancia, la atraeremos.
Si pensamos, hablamos y vemos solo
lo bueno que nos circunda, eso tendremos
siempre.
Se cosecha el fruto de lo sembrado.
La semilla es el pensamiento y esta
dará fruto al ciento por uno, sin
importarle la naturaleza del mismo.

 
|