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¡Las
palabras pueden modificar el ADN!
Tras
estudiar a fondo el ADN un grupo de investigadores rusos
formados por científicos de diversas especialidades
-entre ellos genetistas y lingüistas- ha llegado a la
conclusión de que puede ser modificado mediante sonidos
y frecuencias y, por tanto, ¡por las palabras! Los
lingüistas rusos descubrieron que el código genético
-especialmente en la parte menos estudiada hasta ahora-
sigue las mismas reglas de todas las lenguas. El poder
de la palabra sobre la salud, sostenido durante milenios
por diversas corrientes de pensamiento, quedaría así
confirmado.
Cortar y pegar genes. Ese es el futuro de la Medicina que
a diario nos venden, un futuro en el que las enfermedades
desaparecerán, los errores de la Naturaleza serán
corregidos por la ingeniería genética y viviremos cada vez
más años. Muy prometedor... Si no fuera porque a lo largo
de la historia de la Medicina se nos han hecho promesas
similares que nunca se han cumplido. Cortar y pegar: el
mismo razonamiento que venimos aplicando en Occidente
desde el Renacimiento, desde el mismo instante en que
fuimos capaces de asomarnos al interior de un organismo y
empezamos a pensar que el ser humano es como un mecano y,
por tanto, pieza que no funciona debe ser arreglada o
sustituida. Y así, por ese camino de cortar y pegar -o
cortar y tirar cuando consideramos que la pieza no es
imprescindible- hemos ido "avanzando" con sus luces y sus
sombras. Y esa misma filosofía es la que nos ha llevado a
tratar de estudiar nuestro ADN convirtiéndolo en un
almacén de genes y clasificándolos según su "utilidad".
En suma, buscando la causa de la enfermedad la Medicina
que conocemos ha ido desmontando el cuerpo humano pieza a
pieza, órgano a órgano, tejido a tejido -como el niño que
desmonta el juguete tratando de entenderlo- hasta llegar
al interior de la célula donde nos hemos encontrado con
los cromosomas, el ADN y los genes. Con lo que ya ha
surgido toda una pléyade de superespecialistas que creen
haber hallado ahí la solución a todos los males. Claro que
cuando se cansen de cortar los genes empezarán con las
proteínas y después con las enzimas. Y así habrá más
especialistas y más negocio para todos...
En definitiva -y sin dudar de la buena voluntad de la
mayoría de los sostenedores de ese sistema-, lo peor es
que un pesado mundo de silencios espesos, de intereses
económicos y de fundamentalismos científicos -que en la
Ciencia también los hay- han bloqueado casi todos los
canales de información hasta hacer creer al ciudadano
medio que esa es la mejor manera -la única, de hecho- de
afrontar los retos que a diario se le plantean a la
Medicina. Y eso es completamente falso.
Afortunadamente no todos los científicos comparten la
filosofía del cortar y pegar genético ni la visión sobre
el funcionamiento del ADN. Ni todos los médicos y
científicos comparten la visión del organismo humano que
la medicina occidental tiene y que -no lo olvidemos-
continúa sin saber curar ninguna de las grandes
enfermedades que nos amenazan. Lo que ocurre es que de
tales científicos jamás se habla. Dicho esto agregaré que
lo que en esta ocasión vamos a contarles puede parecer
ciencia ficción pero se trata de estudios, experimentos y
conclusiones de prestigiosos científicos rusos sobre
nuestro ADN. Que no sólo permiten afrontar la
investigación genética de manera completamente diferente
sino que además pueden ser el primer paso para explicar
muchos otros fenómenos con los que el hombre ha convivido
sin explicarse como la telepatía, la clarividencia y otras
facultades extrasensoriales. Y que también podrían
explicar el poder de las inducciones hipnóticas capaces de
modificar constantes biológicas, el poder de la oración o
el de los mantras como creadores de estados alterados de
conciencia y herramientas de emisión de frecuencias
conscientes. Quizás incluso -¿por que no?- nos permita
entender por fin por qué "en el Principio fue el Verbo (la
Palabra)".
EL ADN: Un Bioordenador por ondas
Konstantin Korotkov, catedrático de la Universidad de San
Petesburgo y diseñador de la cámara especial GDV (Gas
Discharge Visualization) que permite visualizar el aura de
un ser vivo e interactuar sobre ella para prevenir
enfermedades (vea en el apartado Ciencia y Conciencia de
nuestra web los artículos publicados al respecto en los
números 24 y 27 con los títulos "El estudio científico del
cuerpo energético" y "La investigación científica del aura
y la prevención de enfermedades") contaba hace poco a
nuestro compañero Fernando Sánchez Quintana que durante la
guerra fría participó como científico en proyectos
militares clasificados como "alto secreto". Uno de ellos
consistía en enviar un enorme submarino nodriza hasta la
costa de Estados Unidos que debería dejar caer desde el
interior, antes de retirarse, otro submarino más pequeño
con los motores y sistemas eléctricos apagados hasta que
se posara, merced a su propio peso, en el fondo del
océano. Allí debería esperar la eventualidad de que la
guerra comenzara y lanzar entonces sus ojivas nucleares.
Llegado el momento, el submarino recibiría una orden
telepática que activaría el sistema de lanzamiento.
Korotkov participó en aquel proyecto porque había
inventado un sensor de agujas de wolframio capaz de medir
la capacidad de una persona para comunicarse mentalmente.
Según su testimonio, tras un año de pruebas el proyecto
fue suspendido porque "sólo" se alcanzó un 95% de aciertos
en las transmisiones telepáticas y eso era mucho dado el
objetivo final. Los científicos rusos siempre han
demostrado ser más prácticos y menos dogmáticos. Los demás
que sigan discutiendo si existen o no ángeles: ellos los
buscan.
Pues bien, algo similar ha hecho el biofísico y biólogo
molecular Peter P. Gariaev y otros colegas suyos del
Institute Control of Sciences Russian Academy of Sciences
en Moscú. Mientras los investigadores occidentales se
centraban sólo en el 10% de nuestro ADN -la parte donde se
localiza la producción de proteínas- ellos han buscado en
el 90% restante porque no les resultaba creíble que
millones de años de evolución hubieran hecho más
importante la parte que el todo. Obviamente, sus
experimentos ofrecen una visión absolutamente diferente
del código genético y de la función del ADN. Así, su
trabajo presenta a nuestro ADN como un bioordenador capaz
de recoger y transmitir información de su entorno a través
de ondas a partir de las cuales pueden modificarse los
patrones de comportamiento de las células. Tal y como
recogen Gariaev y sus colaboradores en The DNA-wave
Biocomputer los experimentos llevados a cabo en Moscú en
el Institute of Control Sciences, en Wave Genetics Inc.,
así como otros trabajos teóricos les han llevado a las
siguientes conclusiones:
-La evolución ha creado en los biosistemas -organismos
vivos- "textos genéticos" articulados de acuerdo a
patrones semejantes al conjunto de normas y reglas
subyacentes en todas las lenguas humanas en los que los
nucleótidos del ADN, dotados de frecuencias cargadas de
información, juegan el papel de caracteres. Y a partir de
esos "textos genéticos" se van conformando los distintos
procesos orgánicos, Siendo pues el ser humano, en
definitiva, un "bello discurso" de la Naturaleza.
-El aparato cromosómico actúa como antena de recepción y
transmisión de "textos genéticos", los descifra, los
codifica y los reenvía.
-Y aun más, los cromosomas de los organismos
multicelulares constituyen. en forma replegada. una puerta
holográfica (capaz de reproducir la imagen de todo el
organismo en cada una de su partes) abierta al espacio y
al tiempo.
EL
CÓDIGO GENÉTICO, NUESTRA PRIMERA LENGUA
Para su estudio del ADN, Gariaev -director del Instituto
de Biología y Medicina por Ondas en Moscú y miembro de la
Academia Rusa de Ciencias Naturales, de la Academia Rusa
de Ingenierías y Medicina, y de la Academia de Ciencias de
Nueva York- se rodeó de físicos del renombrado Instituto
Lebedev: biólogos moleculares, biofísicos, genetistas,
embriólogos y lingüistas. Y desde ese campo comenzaron a
llegar las sorpresas...
Como se sabe, la Lingüística es la ciencia de la
estructura de los idiomas. Investiga no sólo los idiomas
naturales que se desarrollaron en las distintas naciones y
culturas sino también los idiomas artificiales usados; por
ejemplo, para programar los ordenadores. Bueno, pues a
partir del estudio comparado de la semántica, la sintaxis,
las bases de la gramática y otros aspectos del estudio de
las lenguas con la configuración del código genético y la
síntesis de proteínas llegaron a la conclusión de que éste
comparte con nuestros idiomas las mismas reglas. No con
los idiomas locales sino a un nivel más profundo donde
todas las lenguas presentan estructuras comparables a la
hora de unir caracteres para formar mensajes inteligibles.
Una relación que puede que nos extrañe menos si ponemos en
relación el lenguaje de los propios lingüistas con el de
los biólogos y vemos que, por ejemplo, definen el fonema
como la unidad mínima de una lengua que no se deja
analizar en unidades más pequeñas (nucleótido) y cuya
función se define a través de:
a) Su expresión. Que es la materialización de los mismos
(el sonido vibracional, la onda)
b) Su forma. Que es el lugar que ocupan en el sistema (la
cadena de ADN). Y,
c) Su contenido. Que será el papel que puedan desempeñar
dentro de la economía gramatical de una lengua (la
formación de determinadas proteínas en función de sus
relaciones).
Y otro tanto ocurre cuando leemos que el valor de las
piezas de una lengua reside en las relaciones que se
establecen entre ellas (bases y tripletes en nuestro ADN).
Pues bien, los investigadores rusos han descubierto que la
inteligencia subyacente en los procesos que dan lugar a
una lengua se da ya en la interrelación y elección de
compañeros para la síntesis de proteínas a nivel del ADN.
Si el ADN y el código genético existían ya antes de que
los primeros humanos dijeran una sola palabra articulada
es fácil deducir que cada lengua se desarrolló a partir
del modelo básico existente en la estructura de nuestro
código genético siendo éste la fuente de todas las
lenguas. Esto no quiere decir que la capacidad de hablar
sea sólo un efecto secundario de las proteínas elaboradas
por algunos genes sino que el orden de los nucleótidos en
el ADN sigue un plan inmaterial inteligente que ha sido
imitado en la estructura de nuestros idiomas. "A través de
una señal láser y sus campos electroacústicos solitónicos
-podemos leer en The DNA-wave Biocomputer"- es como el gen
'lee y entiende' estos textos de manera similar al
pensamiento humano. Pero a su propio nivel genómico de
'razonamiento'. Esto significa que los textos humanos
(independientemente del idioma usado) y los textos
'genéticos' tienen características matemático-lingüísticas
y entrópico-estadísticas similares, y donde en caso de los
textos 'genéticos' los caracteres se identifican con los
nucleótidos". En otras palabras, si el ADN entiende
ciertas frecuencias entonces puede establecerse un tipo de
intercambio de información con él.
DE LA TEORÍA A LA
PRÁCTICA
Hay que agregar que para probar el alcance de su teoría el
equipo de Gariaev realizó experimentos modulando ciertos
patrones de frecuencia ¡y consiguió reparar cromosomas
dañados por rayos X! Tal y como explican Grazyna Fosar y
Franz Bludorf en su libro Vernetzte Intelligenz -en el que
se ocupan ampliamente de las investigaciones de Gariaev-
llegaron incluso a capturar patrones de información de un
ADN y lo implantaron en otro reprogramando así las células
de éste De esa manera consiguieron ¡transformar embriones
de rana en embriones de salamandra! Insistimos:
simplemente transmitiéndoles nuevos patrones de
información del ADN. Un proceso que se realizó sin los
efectos colaterales derivados de la manipulación directa
de los genes.
Pues bien, los investigadores rusos están convencidos de
que armonizando los sonidos que emitimos -es decir,
palabras- en una determinada frecuencia se puede llegar a
influir en el ADN. Ello quizás pudiera explicar los
sensacionales descubrimientos del investigador japonés
Masaru Emoto (vea el artículo La estructura del agua
cambia con el sonido, las emociones y los pensamientos
publicado en el nº 52) quien ha demostrado -a través de
experimentos repetibles y acompañados de gran cantidad de
imágenes gráficas- cómo las palabras y la música son
capaces de alterar la estructura molecular del agua.
También podríamos entender mejor cómo el sonido de los
cuencos de cuarzo puede curar el cáncer (vea en nuestra
web el artículo La curación mediante el sonido de cuencos
de cuarzo que publicamos en el nº 35). Recordemos también
a este respecto que el doctor Mitchell L. Gaynor -director
del Departamento de Medicina Oncológica e Integrativa del
Centro Strang-Cornell para la prevención del cáncer de
Nueva York- afirmó haber utilizado terapéuticamente con
éxito el sonido obtenido en los cuencos de cuarzo en
cientos de pacientes. Hablamos, en definitiva, de la
posible explicación del poder de la Musicoterapia pero
también de por qué funcionan las afirmaciones positivas,
los mantras, las inducciones hipnóticas y, por supuesto,
la oración. Recordemos que desde hace miles de años los
maestros espirituales vienen insistiendo en la posibilidad
de alcanzar a través de la oración, la repetición
sistemática de palabras o frases -mantras- o los estados
alterados de conciencia la posibilidad de actuar sobre la
propia salud y la de los demás. El problema es encontrar
las frecuencias con las que entrar en resonancia con
nuestro propio yo interior -¿nuestro propio ADN?- porque,
tal y como han demostrado los mencionados científicos
rusos, la vibración y el lenguaje en lugar del arcaico
proceso de cortar y pegar puede llevar a triunfar a lo que
podríamos denominar la genética de ondas. Ahora bien, ¿se
pueden obtener las claves de tan especial "gramática"?.
UNA
ANTENA GIGANTE
Hay que decir que la base de todo este complejo proceso de
intercambio de "textos" en forma de sonidos está, según
comprobaron Gariaev y sus colegas mediante experimentos,
en la naturaleza vibracional. Concretamente, el ADN se
expresa -según los investigadores rusos- a través de ondas
solitónicas, ondas que pueden almacenar información
durante mucho tiempo y son capaces de propagarse sin
deformarse a grandes distancias en medios no lineales.
Cuando hablamos de información pensemos que a diario las
ondas de radio y televisión, por ejemplo, trasladan
información de un lado a otro. Pero para hacernos una idea
de la capacidad de las ondas solitónicas recordemos que ya
en 1988 Thierry Georges y su equipo del Centro de
Investigación y Desarrollo de France Telecom combinaron
ondas solitónicas de diferentes longitudes para realizar
una transmisión superior a un terabit por segundo
(1.000.000.000.000 bits / segundo).
"La mayoría -explica Gariaev- intenta entender los
principios del ordenador biológico que es el ADN a través
de una fijación exclusiva a las reglas del ADN de Watson,
Crick y Chargaff: la igualdad entre las bases
adenina-timina, guanina-citosina. ¡Y eso es correcto pero
no suficiente! El ADN cromosómico en los sistemas vivos
tiene atributos de onda que nos llevan a una dimensión
desconocida. El 'muy conocido' código genético es tan sólo
la parte del código referida a la síntesis de proteínas...
y nada más. Pero los cromosomas trabajan como ordenadores
solitónicos holográficos bajo la influencia de radiaciones
láser endógenas del ADN".
Las consecuencias de todo esto son tan incomprensibles
como simples y lógicas: si uno modula un láser con una
determinada frecuencia puede afectar con ella la
información de las ondas del ADN y, así, la información
genética en sí misma.
Para ello el ADN funciona como una antena cuyas
características técnicas vienen determinadas por su
tamaño. La molécula extendida tiene alrededor de dos
metros de larga y una frecuencia natural de 150
megahertzios. Curiosamente esta frecuencia está
exactamente en la banda utilizada por el radar humano para
las telecomunicaciones e ingeniería de microondas. Es
decir, que nosotros usamos exactamente el mismo rango de
frecuencia para recibir y emitir señales a nivel de ADN
que en nuestra tecnología. Singular "coincidencia".
Además el ADN puede también almacenar ondas armónicas de
150 megahertzios. Lo mismo que la luz visible. La 22
octava de 150 megahertzios queda directamente en este
rango... y el color de esta radiación lumínica es el azul.
¿Será también una coincidencia que la radiación solar se
descomponga en la atmósfera terrestre de tal manera que
nosotros vivimos en un mundo con el cielo azul?
Es decir, el ADN -según las investigaciones científicas de
los rusos- no sólo puede resultar afectado por la
radiación electromagnética de forma dañina -algo que ya
sabíamos- sino que también puede ser alterado en la
dirección contraria con la radiación adecuada porque, en
el fondo, para ello somos portadores de un microchip
electrobiológico, un superconductor que toma la
información electromagnética del ambiente, la almacena y
posiblemente después de codificarla puede también
emitirla. Este hecho abre posibilidades desconocidas hasta
ahora para la medicina. Porque con los dispositivos
adecuados, igual que ahora aplicamos corrientes
electromagnéticas para ayudar a la recuperación de una
lesión ósea o muscular... en el futuro podremos actuar
sobre el metabolismo celular y desarrollar nuevas terapias
contra las grandes enfermedades. Hasta la reparación de
defectos genéticos sería posible sin los riesgos y los
efectos secundarios de los procedimientos actuales.
UNA PUERTA AL ESPACIO Y EL TIEMPO
Bien, pues con resultar increíbles las posibilidades de
los descubrimientos realizados por los investigadores
rusos aún existen otros descubrimientos que nos sitúan al
borde mismo de la Imaginación -con mayúsculas- porque nos
hablan de una comunicación a nivel cuántico de nuestro ADN
que rompería las barreras del espacio y del tiempo lo que
confirmaría la visión holística de un ser humano
interrelacionado con todo y con todos.
Los científicos rusos descubrieron con sus experimentos
que la oscilación vibratoria de nuestro ADN puede causar
patrones de perturbación en el vacío produciendo así
agujeros de gusano magnetizados, equivalentes
microscópicos de las perturbaciones Eisntein-Rosen
formadas en las inmediaciones de los agujeros negros. Y
recordemos que los agujeros de gusano son considerados por
la Física teórica como túneles que conectan áreas
completamente diferentes del universo a través de los
cuales se puede transmitir información fuera del espacio y
del tiempo. Pues bien, a través de los agujeros de gusano
microscópicos el ADN podría atraer información de más allá
del vacío e incorporarla a nuestra conciencia. En la
Naturaleza, la hipercomunicación se ha venido produciendo
con éxito durante millones de años. El comportamiento
social de los insectos podría servirnos de prueba, como
bien recuerdan los ya mencionados Grazyna Fosar y Franz
Bludorf. Cuando una hormiga reina es separada
"espacialmente" de su colonia la construcción continúa de
acuerdo a lo planeado. Sin embargo, si se mata a la reina
se detiene todo el trabajo en la colonia. Ninguna hormiga
sabe qué hacer. Aparentemente la reina es la portadora de
los "planes de construcción" y los envía incluso desde muy
lejos por medio de la "conciencia grupal" de sus súbditos.
Ella puede estar tan lejos como quiera... en tanto esté
viva.
En el hombre tenemos ejemplos que hasta ahora han sido
considerados más o menos anecdóticos y que podrían
referirse a este tipo de hipercomunicación que normalmente
es experimentada como inspiración o intuición. El químico
ruso Dimitri Mendeleyev aseguraba que había visto en
sueños la clave para la organización de la tabla periódica
de elementos. El también químico Friedrich Kekulé mantenía
que había deducido la estructura hexagonal de la molécula
del benceno después de soñar con una serpiente que se
mordía la cola. Igor Stravinsky escuchó en su cabeza
mientras dormía La consagración de la primavera; Giuseppe
Tartini, su sonata El trino del diablo interpretada por el
propio Satanás. Y fue un sacerdote asirio quien reveló en
sueños al historiador Herman Hilprecht la traducción
exacta de la inscripción cuneiforme de la llamada "piedra
de Nebuchadnezzar".
Cabe añadir que cuando la hipercomunicación tiene lugar
uno puede observar fenómenos especiales en el ADN. Los
científicos rusos irradiaron muestras de ADN con luz láser
en cámaras especiales. En la pantalla se formó un patrón
de ondas típico. Y cuando retiraron la muestra de ADN los
patrones de onda no desaparecieron: permanecieron. Bien,
pues muchos experimentos de control demostraron que el
patrón seguía proviniendo de la muestra retirada cuyo
campo energético aparentemente subsistía por sí mismo.
Este efecto fue denominado "efecto del ADN fantasma". Se
supone que la energía del espacio exterior y del tiempo
todavía fluye a través de los agujeros de gusano después
de retirar el ADN. Vladimir Poponin, físico cuántico
reconocido mundialmente por sus estudios sobre las
interacciones entre los campos electromagnéticos y los
sistemas biológicos e investigador del Biochemical Physics
of the Russian Academy of Sciences se refería así a ese
efecto fantasma: "Después de reproducir esto muchas veces
y verificar el equipo de todas las maneras concebibles nos
vimos obligados a aceptar la hipótesis de trabajo de que
alguna nueva estructura de campo estaba siendo excitada
desde el vacío físico. Y lo denominamos 'ADN fantasma"
para dar énfasis a que su origen está relacionado con el
ADN físico. No hemos observado ese efecto todavía con
otras sustancias en la cámara. Después de ese
descubrimiento iniciamos un estudio más riguroso y
continuo de estos fenómenos. Y nos encontramos que con tal
de que el espacio de la cámara no se perturbe se puede
medir ese efecto durante largos periodos de tiempo. Lo
hemos observado durante un mes en varios casos. Es
importante dar énfasis a que dos condiciones son
necesarias para observar el ADN fantasma. El primero es la
presencia de la molécula de ADN y la segunda es la
exposición del ADN a una débil radiación de láser
coherente. Esta última condición puede darse con dos
frecuencias diferentes de radiación del láser. Quizás el
hallazgo más importante de estos experimentos es que
proporcionan una oportunidad de estudiar la subestructura
del vacío bajo perspectivas estrictamente científicas y
cuantitativas. Es posible debido a la habilidad intrínseca
del campo fantasma de acoplarse con los campos
electromagnéticos convencionales".
Esto implica que en ese acoplamiento podría producirse una
transmisión de información desde lo que hoy consideramos
"vacío". Se abre así todo un mundo de maravillas. De
hecho, podría estar sucediendo que nuestro ADN estuviera
recibiendo desde el primer día sus "instrucciones de
montaje" desde más allá del espacio y del tiempo conocido,
desde el vacío o más allá si lo hay. Y a partir de esas
instrucciones la naturaleza holográfica del ADN iniciaría
el proceso de organización.
"Los solitones del ADN -puede leerse en DNA-wave
Biocomputer- tienen dos tipos conectados de memoria. El
primero involucra la capacidad de los sistemas no lineales
para recordar modos iniciales de energetización y
repetirlos periódicamente. Los cristales líquidos de ADN
dentro de la estructura del cromosoma forman un sistema no
lineal. El segundo es el del ADN total en un organismo.
Tal memoria es un aspecto no localizado del genoma. Es
cuasi-holográfico/fractal y tiene que ver, como es el caso
para cualquier holograma o fractal, con la propiedad
fundamental del biosistema, es decir, su habilidad de
restaurar el todo a partir de una parte. Esta propiedad es
bien conocida. Recordemos el crecimiento de las plantas
dañadas, la regeneración de la cola de un lagarto...)".
En suma, los científicos rusos han realizado unos
descubrimientos tan extraordinarios que extienden nuestra
comprensión de la genética humana hasta alcanzar la
frontera de ciertas creencias metafísicas que desde
siempre han estado esperando este tipo de pruebas para
mostrar su existencia. Puede pues que no esté ya tan lejos
el día en que la Espiritualidad vuelva a ser la expresión
más alta de la Ciencia.
Antonio Muro
Peter Gariaev (International Center for Wave Genetics).
Web: http://www.self-managing.net/genetica/
e-mails: info@project-financing.org o
fsmidt@project-financing.org
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