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El
grupo de investigadores encabezado por el doctor Pedro Montoya de la
UIB localiza las pautas de un procesamiento cerebral anómalo del
dolor en pacientes afectados de fibromialgia.
Nuestro sistema de dolor es un excelente mecanismo de defensa. El
dolor nos pone en estado de alerta; se trata de una estratagema de
signo positivo, mediante el cual el organismo intenta que la lesión
no sea mayor. Un ejemplo puede clarificar lo que decimos: el dolor
que sentimos después de fracturarnos un miembro (un brazo, una
pierna) impide que sometamos a ese miembro a una segunda acción
peligrosa. Este signo positivo del sistema se convierte en negativo
cuando el dolor deja de ser un aliado que nos advierte del peligro
para convertirse en una alarma activada a todas horas sin un porqué
tangible, sin que nada en nuestra periferia haya de peligroso, sin
que exista causa orgánica alguna para el sufrimiento. Esto es lo que
precisamente parece ocurrir en los pacientes afectados de
fibromialgia, entre un 1 por ciento y un 3 % de la población
española.
Toda vez se desencadena la enfermedad (por un suceso traumático, sea
físico o de tipo emocional), el paciente de fibromialgia padece una
gran desazón, espasmos y rigidez musculares, dolores de cabeza,
trastornos del sueño, de la concentración y de la memoria, sensación
de hormigueo e hinchazón en manos y pies, ansiedad, depresión… un
extenso cuadro de síntomas sin que el médico pueda especificar una
causa concreta orgánica.
El enfermo de fibromialgia es con frecuencia un paciente
incomprendido; sus familiares pueden llegar incluso a dudar de sus
quejas, mientras el médico no puede localizar una causa orgánica
concreta que explique el dolor.
Actualmente la fibromialgia se diagnostica cuando, toda vez se han
descartado otras enfermedades, el paciente muestra padecimiento y
dolor generalizado y es sensible a más de once puntos de los
dieciocho.
Un grupo de investigadores del Departamento de Psicología de la UIB,
dirigidos por el doctor Pedro Montoya, en colaboración
con la Unidad Médica de Valoración de Incapacidades del
Ministerio de Trabajo del Hospital General de
Mallorca, ha elegido como objeto de estudio al colectivo
de pacientes de fibromialgia. Los objetivos más
inmediatos del proyecto, financiado por el Ministerio de
Ciencia y Tecnología dentro del Programa Nacional de
promoción general del conocimiento, consisten en saber
cómo procesa el dolor el cerebro de estos pacientes y
establecer, si hubiera, diferencias entre este
procesamiento y el que se lleva a cabo en el cerebro de
un individuo "sano".
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En realidad, la hipótesis de partida es que existe un
procesamiento anómalo de la información recibida por el cerebro de
estos pacientes aquejados de fibromialgia. En segundo lugar, el
grupo de investigadores trata de establecer el papel que desempeñan
los factores emocionales y sociales en la percepción del dolor. En
tercer lugar, el objetivo consiste en correlacionar el procesamiento
cerebral anómalo con determinados síntomas del paciente, como los
cuadros depresivos, la ansiedad y los trastornos de atención,
memoria y concentración.
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El doctor Pedro Montoya, investigador principal del proyecto, ha
trabajado anteriormente con pacientes que han sufrido la amputación
de alguno de sus miembros. Es sabido que una persona que ha sufrido
una amputación presenta episodios de dolor en el miembro amputado;
se trata del conocido como "dolor fantasma". A consecuencia de
investigaciones llevadas a cabo por los equipos del doctor Montoya y
de la Universidad de Tübingen (Alemania), se consiguió poner de
manifiesto que en estos pacientes, las neuronas encargadas de
procesar la información relativa al miembro amputado habían padecido
algún tipo de transformación que les conservar la memoria del
miembro.
La psicobiología aprovecha métodos y ensayos de la psicología y de
la fisiología para caracterizar cada enfermo. Así, el primer
contacto con el paciente se resuelve en un conjunto de cuestionarios
que intentan objetivar en la medida de los posible el padecimiento
del enfermo: frecuencia del dolor, duración, efectos del cuadro
sintomatológico en el ambiente familiar, en la pareja, etc.
En una segunda fase, se examina en el laboratorio la respuesta
cerebral a pequeños impulsos sobre el cuerpo. El objetivo es
esclarecer de qué manera procesa el cerebro la información, sea ésta
táctil (pruebas de presión, de calor, de frío), sea visual (escenas
violentas, imágenes relajantes), sea auditiva (palabras relacionadas
con el dolor, palabras neutras). La respuesta cerebral es recogida
mediante un electroencefalograma. Los resultados son comparados con
los recogidos en una muestra de individuos o bien sanos, o bien con
dolor crónico pero no de fibromialgia, sino con causa orgánica
definida.
Aunque el proyecto se encuentra todavía en su primera fase, ya se
han conseguido algunos resultados que apuntan a que la hipótesis de
partida era correcta. Los investigadores han caracterizado
diferencias sustanciales en el procesamiento del dolor entre
enfermos de fibromialgia y enfermos con dolor crónico de causa
orgánica localizada. Así, mientras los segundos escogen muy
precisamente los adjetivos para definir su dolor entre una lista de
26 epítetos proporcionado por los investigadores, para los pacientes
de fibromialgia todos los adjetivos parecen definir en mayor o menor
medida el tipo de dolor que padecen. Quizás sea el reflejo de que
estos pacientes se quejan de un dolor difuso y de difícil
descripción.
Esta definición poco concreta del dolor también se da en las
personas que han sufrido la amputación de algún miembro.
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".Parece ser que en este caso, las neuronas que poseen
memoria del miembro amputado, "engañan" de alguna manera al cerebro
haciéndole creer que aquel todavía sigue en su lugar. En el caso de
los pacientes de fibromialgia no se puede hablar de neuronas que
conserven memoria alguna, pero en cualquier caso en alguna trampa se
hace caer al cerebro. En este sentido, el grupo de investigadores ha
comprobado que la mayoría de los paciente de fibromialgia son
personas con una particular historia: casos de vida laboral muy
intensa, con una gran carga de trabajo; historiales de estrés;
personas que, de una forma u otra, han sometido a su cuerpo a
fuertes desgastes. "Parecería -afirma el doctor Montoya, sólo como
hipótesis -, que su cuerpo les pasara factura.
Muy interesante es el resultado de una prueba auditivas consistente
en registrar la respuesta cerebral ante dos conjuntos de vocablos:
palabras que relacionadas con el concepto de dolor; y palabras
neutras. Mientras en los individuos del grupo de control (personas
sanas o con dolor crónico con causa orgánica localizada) se
diferencia claramente la respuesta del cerebro ante los dos tipos de
palabras, en los pacientes de fibromialgia se produce la misma
reacción o procesamiento cerebral-
En la figura 3 puede observarse es muy distinta respuesta. En la
prueba ambos grupos de personas, el grupo control y el grupo de
pacientes de fibromialgia, escucharon las mismas palabras. En el
grupo control, la respuesta ante palabras neutras y ante palabras
relacionadas con el dolor fue claramente distinta (ver primera
gráfica). En la segunda gráfica se observa como en el grupo de
estudio, de pacientes de fibromialgia, las respuestas no se
diferenciaban.
Este tipo de pruebas, como otras de resistencia al dolor, han puesto
de manifiesto más diferencias en el procesamiento cerebral que
permiten unas primeras conclusiones a los investigadores: existe
efectivamente un procesamiento cerebral anormal en pacientes de
fibromialgia ante estímulos mecánicos, térmicos e incluso verbales.
Otros tipos de ensayos llevados a cabo por el grupo de
investigadores intenta esclarecer la importancia de los factores
emocionales en la percepción del dolor. En este sentido, se ha
podido documentar cómo afecta la presencia de la pareja del enfermo
en su percepción del dolor. El enfermo no presenta igual resistencia
al dolor en presencia o en ausencia de su pareja. En concreto, los
investigadores se encontraron con resultados distintos a los
esperados ya que se consideraba la pareja como elemento reforzador:
uno se queja para que la pareja le preste atención. En cambio, los
pacientes resultaron ser menos sensibles al dolor en presencia de su
pareja, no se quejaban de más dolor, sino que parecían querer decir:
"soy capaz de sufrir más de lo que piensas".
Sea como sea, esta y otras pruebas ponen de manifiesto que los
factores sociales y emocionales tienen una importancia capital en la
percepción del dolor. Dicho de otra manera: la percepción del dolor
no es un proceso aislado en el tiempo; por el contrario, está
íntimamente ligado a la experiencia subjetiva del paciente (memoria,
atención, etc.).
En la actualidad, el proyecto de investigación se encuentra en fase
de laboratorio. Después de realizar entrevistas a unas 60 personas
del grupo objeto de estudio y del grupo de control, los
investigadores están llevando a cabo las pruebas en laboratorio. El
proyecto, que no finalizará hasta el año 2005, espera también poder
diseñar un programa terapéutico que ponga al alcance de los
pacientes de fibromialgia un conjunto de estrategias para amortiguar
el padecimiento y elevar su calidad de vida.

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